Res Rustica

Cultivo y ganadería

Mosaico con bueyes, Museo del Bardo, Túnez
Mosaico con bueyes, Museo del Bardo, Túnez

Hispania era una de las provincias que más cereal producía en el Imperio, únicamente superada por Egipto y el Norte de Africa. El cereal era la dieta básica del ejército romano.

La agricultura de secano se basó fundamentalmente en cereales como el trigo, y, en menor proporción, cebada, avena e incluso mijo.

Los tratados de agricultura aconsejaban sobre cómo preparar la tierra según el tipo de suelo, las especies de granos, las tareas que debían hacerse tras la siembra, los métodos para segar y trillar, cómo almacenar y conservar el grano y las horas de trabajo necesarias para la faena.

El producto de la cosecha se destinaba al consumo, a la venta, al pago de impuestos y a la reserva para periodos de escasez.

Para mejorar el rendimiento de la tierra se cavaban zanjas de drenaje en terrenos pantanosos y se fumigaba para luchar contra las plagas.

Para cavar se utilizaban las azadas y azadones, para arar la tierra se utilizaba el arado tirado por bueyes y  la siega se realizaba con hoces. El contacto con los bárbaros provocó la incorporación de nuevos aperos como rastrillos, horcas de metal y guadañas de mango corto.

Las espigas podían ser directamente almacenadas, o bien se separaba el grano de la paja en eras a cielo abierto, o cerradas, en zonas más húmedas, donde se aventaba y trillaba con una  plancha de madera con lascas de piedra o metal, el trillo, tirado por animales o se hacía pisotear por caballos o bueyes.  El grano se guardaba en recipientes cerámicos, en silos excavados bajo tierra y en graneros. La paja alimentaba al ganado.

Dolia (recipientes para grano), Museo Arqueológico de Tarragona
Dolia (recipientes para grano), Museo Arqueológico de Tarragona

La molienda del cereal se efectuaba en molinos rotatorios, pequeños y domésticos, accionados por una persona, o molinos de gran tamaño, movidos por asnos y mulos y donde se molturaban grandes cantidades de grano.

Molino de grano manual, Museo Arqueológico de Tarragona
Molino de grano manual, Museo Arqueológico de Tarragona

Para asegurar que los campos rendirían la cosecha deseada se celebraban varias fiestas buscando la protección de los dioses. En Mayo tenía lugar la fiesta de la lustración del campo o Ambarvalia, en honor de Ceres, para proteger las siembras.

Representacion del verano, Mosaico de Complutum, Museo Arqueológico Regional, Alcalá de Henares
Representacion del verano, Mosaico de Complutum, Museo Arqueológico Regional, Alcalá de Henares

La ganadería fue una de las principales fuentes de riqueza de la Hispania antigua y la base de la alimentación de casi todos los pueblos hispanos.

Los romanos fomentaron la cría del ganado ovino, ya que necesitaban la lana para vestir a sus ejércitos y fabricar las togas para los ciudadanos nobles. En Hispania se hacía el sagum, capa tejida con lana de oveja negra.

El ganado porcino se criaba en Italia desde muy antiguo para satisfacer una creciente población y alimentar al ejército. En Hispania, la abundancia y calidad de los cerdos, se unía a un clima propicio, lo que favoreció el desarrollo de  salazones de carne. En Roma sentían predilección por los jamones del norte de la Península.

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El ganado vacuno se criaba para carne y para tirar del arado o los carros. El asno y  la mula se empleaban como animales de tiro en el campo, pero no tanto para arar,  y en los molinos de trigo y prensas de aceite. Los caballos cumplían su función en el transporte, el ejército y durante el Bajo Imperio fueron famosos los hispanos para las carreras en el circo.

Mosaico del Museo de los mosaicos de Estambul, Turquía
Mosaico del Museo de los mosaicos de Estambul, Turquía

Con la leche de cabra se hacían quesos, cuajadas y otros productos lácteos muy consumidos en el entorno rural.

Se criaban palomas, tórtolas, zorzales, gansos, patos, pues los beneficios de la venta de sus productos (huevos, estiércol para abonos, plumas para relleno de cochones, carne) podían ser muy elevados.

En algunas villas se conservaban pajareras donde las aves volaban sueltas y los pavos reales  exhibían sus plumas para recreo de la familia propietaria. Los viveros de peces en estanques (piscinae) eran un divertimento y un símbolo de riqueza del que se sacaba rendimiento económico.