Matrona

Mujer en Roma

 

Retrato de mujer, Museo Arqueológico de Nápoles
Retrato de mujer, Museo Arqueológico de Nápoles

Las mujeres romanas gozaron de mayor libertad, tanto dentro del hogar como fuera, que las griegas, aunque la ley romana obligaba a todas las mujeres a estar bajo la custodia de los hombres debido a su debilidad física y mental. El pater familias o un tutor decidían sobre las transacciones importantes que las mujeres querían hacer con su dinero o herencia. Hacia el final de la República, algunas mujeres controlaban libremente gran cantidad de dinero, aunque según las leyes no estaba permitido.

La mujer romana pasaba al contraer matrimonio de la custodia del padre o tutor a la del marido, y pasaba a formar parte de la familia del marido, además asumía la religión de su esposo.

En la época de Augusto se aprobó una ley por la que la mujer nacida libre con tres hijos y una liberta con cuatro quedaban libres de la tutela. Esto se hizo por el descenso de natalidad, que se debía a la mayor libertad que habían adquirido las mujeres y que encontraron en la anticoncepción la forma de limitar sus familias.

Escena conyugal, Villa Farnesina, Museo Nacional Romano
Escena conyugal, Villa Farnesina, Museo Nacional Romano

La novia solo podía oponerse al matrimonio si se probaba que le marido propuesto era moralmente  indigno. El proceso para el divorcio podía iniciarlo cualquiera de las partes. Si los hijos no estaban emancipados, los padres podían obligarles al divorcio. Si el marido se divorciaba de la esposa por conducta inmoral, tenía el derecho a quedarse con parte de su dote. La ley no requería aportar ninguna razón para el divorcio, pero la esterilidad del matrimonio, que se atribuía a la esposa, era habitualmente la causa.

Al final de la República, se rompían enlaces y se llegaba a divorcios cuando las alianzas entre los hombres se convertían en rivalidades. Las mujeres nobles buscaban alianzas matrimoniales y elegían sus amantes teniendo en cuenta el beneficio de sus propias familias.

Diosa Ceres o Fortuna, Museo Arqueológico de Tarragona
Diosa Ceres o Fortuna, Museo Arqueológico de Tarragona

Los diferentes cultos de Fortuna constatan que los romanos fomentaban una conducta femenina  irreprochable socialmente mediante la utilización de castigos religiosos. La diosa se identificaba en el panteón romano por su timón, su esfera y su cornucopia. Esta última simbolizaba la responsabilidad  de la diosa en los frutos de la tierra, en la madurez física de las mujeres y su realización sexual.

En el momento del alumbramiento se encomendaba a Juno Lucina, protectora del parto y a la que se dedicaban los ritos concernientes al nacimiento. La fiesta que se le dedicó, Matronalia, se convirtió en una celebración femenina, popular, porque integraba elementos profanos y religiosos. Los primeros se desarrollaban en la domus, mientras los segundos lo hacían en el templo de la diosa. La fiesta comenzaba con un acto social y familiar  en la propia vivienda, en la que la dueña era honrada por su esposo, al que ella  concedía unas palabras de agradecimiento, como muestra de felicidad conyugal. La mater familias se convertía en protagonista,  con regalos de sus parientes. Luego la matrona visitaba el templo de la diosa a quien realizaba ofrendas de flores.

Relieve con escena de parto, Ostia, Italia
Relieve con escena de parto, Ostia, Italia

Se recomendaba que una madre con buena salud amamantara a su hijo, y no utilizara un ama de cría. Durante el parto, podían contar con una comadrona, o en su caso, un médico. El matrimonio a temprana edad y la gestación en mujeres aún no maduras provocaba su muerte en el parto. Al final de la República algunos hombres se casaron con mujeres de clases inferiores, ante la escasez de mujeres en las clases altas.

En la época de Catón, siglo II a. C. se valoraba en una matrona que fuera laboriosa, sumisa, bondadosa y que no mostrara coquetería. La matrona ideal era la que permanecía  en el hogar hilando y tejiendo, labores que enseñaba a las hijas, mientras las preparaba para el matrimonio.
Matrona con Palla, Museos Capitolinos, Roma
Matrona con Palla, Museos Capitolinos, Roma

Con el tiempo la domina de las  casas nobles y de las posesiones del campo delegaría sus funciones en los esclavos y esclavas bajo su mando. Cuando se veían liberadas de las rutinas domésticas, las mujeres virtuosas podían salir a hacer visitas, ir de compras, asistir a festivales y recitales y atender la educación de sus hijos varones hasta los siete años, cuando pasaban a ser educados por el padre y asistían a escuelas.

Las mujeres de la clase alta eran lo suficientemente cultas como para poder participar en la vida intelectual de sus familias. Sus conocimientos intelectuales y artísticos no dañaban su reputación. Algunas de ellas gozaban mayor libertad sexual.

Durante los primeros tiempos de la historia de Roma, algunas matronas se involucraron en acontecimientos políticos y religiosos, como la oposición a la Ley Oppia, que limitaba el lujo a las mujeres.

Retrato femenino, Fayum, Egipto
Retrato femenino, Fayum, Egipto

La ostentación les hacía destacar y resaltaba su estatus ante las demás mujeres. En el siglo III, d. C. el emperador Heliogábalo reguló  la vestimenta y la etiqueta adecuadas para las mujeres que pertenecían a distintos rangos.

Unas cuantas mujeres son conocidas por haber servido como patronas de gremios, por sí mismas o al mismo tiempo que sus maridos. Las mujeres tenían derecho a pertenecer a comunidades religiosas y funerarias.