Vestes Matronae

Escena del balneum, Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia
Escena del balneum, Villa del Casale, Piazza Armerina, Sicilia

A medida que el Imperio romano fue creciendo, la moda en el vestir cambió como consecuencia de la mejor facilidad para obtener nuevos materiales para la elaboración de los trajes.

Durante el periodo monárquico, e incluso, en todas las épocas, el material más utilizado fue la lana. Esta era económica y se producía en diversas partes del imperio. En un principio no se teñía y el color de la ropa variaba solo por su color natural.

El lino se cultivaba en Italia durante el periodo prehistórico, y era muy difícil de teñir con los tintes disponibles en la época, por lo que probablemente se emplearía en su color natural.  El algodón resultó ser un material resistente y que se secaba más rápidamente que la lana.

Flora, Museo Arqueológico de Nápoles
Flora, Museo Arqueológico de Nápoles

Los romanos sintieron una especial predilección por la seda, que debido a su alto coste era muestra del alto status que representaba el que la llevaba.

En Cos se especializaron en tejer una tela muy fina y transparente que dejaba entrever el cuerpo de la mujer, y que primeramente se utilizó por las cortesanas de Grecia y Roma, aunque su uso se extendió a otras mujeres posteriormente.

Escena doméstica, pintura de Herculano, Italia
Escena doméstica, pintura de Herculano, Italia

 

El tinte púrpura, extraído de moluscos, constituyó para los antiguos una de las formas de dar color a sus telas y vestimentas más estimadas. La valoración social y económica de los tejidos teñidos de rojo llegó a ser tan elevada que su uso adquirió amplias cotas de expansión tanto en la vida privada como en la militar.

El coccinus, el brillante escarlata del quermes tuvo tanta demanda como tinte de lujo que se desarrolló una gran industria en España.

Las mujeres de la aristocracia romana no tenían la misma distinción de vestuario que sus maridos y excepto por alguna variación de color y tejido, el estilo de los vestidos femeninos era relativamente simple e invariable, así que tenían que incidir en los complejos estilos de peinado y en las joyas para sobresalir entre otras mujeres.

Las mujeres llevaban una cinta delgada para sujetar el pecho (strophium) y la túnica interior (subucula), una camisa, con o sin mangas, que bajaba hasta la rodilla.
Escultura femenina con stola y palla
Escultura femenina con stola y palla

Tras su matrimonio la mujer romana completaba su atuendo con la stola, especie de camisa rectangular, abierta en los dos lados superiores; los extremos abiertos se sujetaban a los hombros por medio de broches y fíbulas. Debajo del pecho se sujetaba al cuerpo por medio de un cinturón (zona). A veces se decoraba con una cenefa bordada unida al pie del traje, llamada instita.

A finales de la República, todas las mujeres casadas según la ley romana tenían derecho a llevar la stola, lo que proclamaba su respetabilidad y adhesión a las tradiciones.

Las mujeres respetables se cubrían con un largo manto, la palla, encima de su túnica y stola cuando salían a la calle. Esta se confeccionaba principalmente de lana, aunque para el verano el lino, el algodón y la seda se utilizaron también. Envolvía el cuerpo desde los hombros a las rodillas, aunque podía caer hasta los tobillos.

Se llevaba por encima de la cabeza como un velo; alrededor del cuerpo, echado por los hombros como un chal, o incluso alrededor de las caderas. No se abrochaba y se podía sujetar con la mano.

Mujer cubierta con stola, Museo Nacional Romano
Mujer cubierta con stola, Museo Nacional Romano

La stola fue  gradualmente desapareciendo, tomando su lugar el colobium, una túnica amplia que se hizo popular tanto para hombres y mujeres y que se llevaba sobre una túnica interior de manga larga.

El ricinium era un manto más pequeño y corto con una franja púrpura que se llevaba normalmente durante el luto.