Bibliothecae

Los libros en Roma

 

Mujer con tabula, Museo de Nápoles
Mujer con tabula, Museo de Nápoles

Antes de las bibliotecas públicas, hubo colecciones particulares que los nobles romanos buscaban y se procuraban a gran precio o se llevaban de las ciudades griegas conquistadas y este afán continuó activo en los demás siglos del Imperio.
Algunos romanos habilitaban en sus villas una estancia bien situada y ricamente decorada para guardar sus colecciones literarias. Escribir y escuchar lecturas era parte del ocio en el campo.

Poseer una biblioteca suponía poseer cultura y riqueza. Los libros se exhibían en salones para que los invitados admirasen su importancia. Los bustos de literatos adornaban y mostraban la admiración del propietario hacia ciertos escritores.
Las bibliotecas se orientaban hacia el este, ya que el uso de estas estancias exigía la luz del amanecer y, además, si quedaban orientadas hacia el sur o hacia el oeste, los libros acababan por estropearse como consecuencia de las polillas y de la humedad.
El volumen era el rollo de papiro, formado por varias hojas, hasta formar una tira larga de varios metros, donde los romanos podían escribir textos amplios.
El pergamino se hacía con piel tratada de una res y el codex o códice estaba formado por un conjunto de hojas de papiro o pergamino que se doblaban en cuadernillos, unidos por una costura. Se podía decorar con miniaturas.

Instrumentum scriptorium, Museo Arqueológico de Nápoles
Instrumentum scriptorium, Museo Arqueológico de Nápoles

La tabula cerata era una plancha de madera, en la que se vertía cera, sobre la que se podía escribir con un punzón (stilus) al endurecerse. El calamus era un trozo de caña para escribir en papiros y pergaminos. La tinta negra se conseguía con hollín, cortezas vegetales o sepia y la roja con minio o bermellón.

Tabula cerata, Museo de Boscoreale, Italia
Tabula cerata, Museo de Boscoreale, Italia

Cuando un autor juzgaba que había acabado una obra literaria, solía darla a conocer a la sociedad organizando una lectura pública (recitatio). Los escritores con cierta posición disponían en su casa de una estancia habilitada para ello, el auditorium. Se invitaba a amigos para que disfrutaran de la actuación.

Los escritores más pobres debían recurrir a mecenas que les cedían su auditorium para la lectura, o buscaba cualquier lugar, en el que hubiera gente reunida, como el foro, las termas o bajo los pórticos.

El escritor también podía gestionar la copia privada de unos cuantos ejemplares para repartir entre amistades y patrones. El autor podía entregar un ejemplar original de su obra a un librero ( librarius), para que éste en su taller de librería (taberna libraria) gestionara la copia múltiple del libro por parte de esclavos copistas (servi librarii).

Tablas de cera, Casa de Cecilio Iocundo, Museo Arqueológico de Nápoles
Tablas de cera, Casa de Cecilio Iocundo, Museo Arqueológico de Nápoles