Capita aut navim

Juegos de azar

Hombres jugando a los dados, Museo del Bardo, Túnez
Hombres jugando a los dados, Museo del Bardo, Túnez

Todos los romanos coincidían en su pasión por el juego y en todas las épocas habían estado poseídos por ella. Entre los adultos, los juegos por excelencia eran los de azar, a los que prácticamente todos eran muy aficionados y cuyos peligros cantan numerosos poetas. Hasta tal punto eran considerados peligrosos, que la legislación protegía a aquellos que no eran dueños plenos de sus vidas, como los jóvenes que aún estaban bajo la autoridad del pater familias o los esclavos, y la ley no les obligaba a pagar las deudas contraídas en el juego; incluso llegaron a promulgarse leyes restrictivas en contra del juego (leges aleariae), prohibiendo las apuestas de dinero, tanto en época republicana como imperial. Exceptuando el periodo de las Saturnales, los juegos de azar estaban prohibidos en Roma bajo multa fijada en el cuádruple de la cantidad apostada.

El jugador (aleator) era considerado socialmente como alguien deshonesto y la pasión por el juego se contemplaba como un defecto del carácter de una persona.

El emperador Augusto, a pesar de las leyes restrictivas sobre las apuestas, solía jugar frecuentemente y con dinero con su familia y amigos.

Los primeros padres de la Iglesia condenaron las apuestas entre los cristianos. Dos de las leyes eclesiásticas más antiguas amenazaban con la excomunión a clérigos y laicos si apostaban. El Concilio de Elvira (306 d. C. aprox.) decretó que el excomulgado por apostar podía retornar al seno de la Iglesia después de un año. Clemente de Alejandría, Tertuliano y otros condenaron las apuestas por reflejar un interés en lo material en vez de perseguir la recompensa en una vida celestial.

Sin embargo, todas las prohibiciones  no impidieron que los romanos continuaran jugándose su patrimonio en partidas de capita aut navim (cara o cruz),tesserae ( dados) o tali (tabas). El juego “capita aut navim” provenía de echar a suertes una moneda de un as, en el que el anverso mostraba dos cabezas con la efigie de Jano, el dios de las dos caras, y en el reverso se veía la proa de una nave, supuestamente la que lo trajo a Italia.
Tabas de época romana
Tabas de época romana

Tanto en el juego de dados como en el de las tabas, se comparaban las combinaciones obtenidas de los diversos jugadores para comprobar el ganador. La mejor tirada era la de Venus (iactus Veneris) en la que cada uno de los dados mostraba una cara diferente. Con la tirada de Buitre todos los dados sacaban el mismo resultado, y si todos tenían unos se llamaba la tirada de Perro. En la tirada Senio, en un solo dado se obtenía un seis y cualquier otro resultado en los restantes.

Los juegos de dados (alea) estaban permitidos solamente cuando no se apostaba dinero. Pero algunos, a pesar de la prohibición, gastaban verdaderas fortunas en las apuestas.
Dados romanos
Dados romanos

Ludus latrunculorum es un juego en el que se empleaban dos grupos de 16 piezas colocadas sobre un tablero.  Cada equipo era de un color, las fichas poseían una nomenclatura militar y la finalidad última del juego era reproducir una batalla. El propósito era echar o bloquear a los hombres del adversario para vencerle. Los hombres (latrones) eran piezas (calculi) de cristal, marfil o metal.

Ludus duodecim scriptorum, se jugaba sobre un tablero dividido en veinticuatro partes por medio de doce líneas paralelas y una línea transversal. Cada movimiento de los quince hombres, de color negro y blanco, se determinaba por una tirada previa de dados.

El juego del duodecim scripta estaba prohibido porque el movimiento de las fichas (calculi) dependía de los números que salieran en los dados y las tablas, sin embargo, el latrunculi estaba permitido, ya que el movimiento de sus peones sólo dependía de la capacidad de observación y habilidad de cada jugador.

Terni lapilli era el antecedente de Las tres en raya, que se jugaba en cualquier sitio en el que se pudiera dibujar un tablero. Este se dividía en nueve casillas y se jugaba con 6 fichas en grupos de tres, que debían diferenciarse claramente. El jugador capaz de colocar sus tres fichas en línea  era el ganador. Se intentaba bloquear las fichas del contrario para que no pudiera conseguir la formación de una línea.

Duplum molendinum: este juego consistía en alinear cuatro fichas seguidas por parte del ganador. Un objetivo era dejar al adversario con menos de tres fichas. Se jugaba con veinticuatro fichas, doce de cada color.

La micatio se podía jugar a plena luz en la Roma de los Antoninos, y se hizo tan popular que no se pudo erradicar del foro hasta el siglo IV. Dos jugadores levantan al mismo tiempo la mano derecha y muestran un número de dedos, mientras dicen al mismo tiempo una cifra en voz alta, hasta que uno acierta con el número exacto de dedos que han enseñado entre los dos.
Tablero de juego y fichas, Museo de Zamora
Tablero de juego y fichas, Museo de Zamora

Las fichas de juego se hacían de distintos materiales, desde piedra y arcilla hasta cristal y piedras preciosas.

El cubilete (fritillus, pyrgus, turricula) servía para echar los dados y las tabas y tenía en su interior una grada que hacía sonar los dados al sacudirlos.

Se han encontrado tableros (tabulae lusoriae) de piedra u otros materiales, como la arcilla, aunque muchos restos son dibujos improvisados en suelos.