Ad Mensam

En la mesa

 

 

Pintura de Pompeya, Italia
Pintura de Pompeya, Italia

En las mesas romanas no faltaban las ensaladas y los cereales. Se consumían frutos mediterráneos como los higos y las uvas, además de especies exóticas. Los frutos secos y las aceitunas, además de ser muy nutritivos, estaban al alcance de todas las clases sociales.

El cordero lechal, el cabrito y el lechoncillo junto a las vísceras no faltaban en las mesas más refinadas, así como el jabalí, conejo o faisán. Los huevos  y las aves de corral eran muy populares y, especialmente apreciadas, eran las aves exóticas como el pavo real.

El pescado fresco o en salazón, los mariscos y moluscos se consumían en abundancia. Los ríos proporcionaban pesca a las grandes propiedades del interior.

Pintura con animales marinos, Museo Nacional Romano
Pintura con animales marinos, Museo Nacional Romano

Para condimentar se utilizaban hierbas aromáticas y especias, además de la sal empleada  también para conservar la carne y el pescado.

Como postre se comían frutas frescas o secas y dulces con miel. El hidromiel, agua fermentada con miel y los vinos de frutas eran adecuados por sus propiedades medicinales.

Recipientes con frutas, Museo Arqueológico de Nápoles, Italia
Recipientes con frutas, Museo Arqueológico de Nápoles, Italia

Los romanos solían hacer tres comidas al día. El ientaculum o desayuno consistía en pan, queso, aceitunas, y, a veces, leche, miel, frutos secos y frutas. El prandium, comida al mediodía en la que se aprovechaban las sobras o se tomaba algo ligero. La cena era la comida más copiosa del día y solía constar de tres platos, entrantes, un plato de carne o pescado y un postre.

El banquete o convivium era una ocasión especial para reunirse y celebrar festividades y acontecimientos públicos o privados. Solía comenzar después de los baños.

Los invitados se acomodaban en los lechos del triclinium donde los esclavos les lavaban los pies. Unas bandejas se dejaban en las mesas centrales, de donde se servían los comensales. Como la comida venía ya troceada, se comía con las manos, que eran lavadas con agua perfumada por los esclavos. La cena empezaba, tras agradecer a los dioses su protección, con la gustatio, entrantes con  huevos, verduras, mariscos, y vino dulce (mulsum). Con la prima mensa se servían los platos de carne, pescado y alimentos exóticos, condimentados con especias y garum y, exquisitamente  presentados para llamar la atención de los invitados. Con la secunda mensa o postre se acababa la cena.
Mosaico con desperdicios tras el banquete, Museos Vaticanos
Mosaico con desperdicios tras el banquete, Museos Vaticanos

En la comissatio se coronaba a los invitados con flores y se elegía al magister bibendi ,  que decidía en qué proporción se mezclaría el vino y el agua en una crátera. Mientras, se sucedían los entretenimientos musicales,  literarios o lúdicos, como los espectáculos acrobáticos.