Cibus Convivialis

Placer en la mesa

 

 

Mosaico con bodegón, Museos Vaticanos
Mosaico con bodegón, Museos Vaticanos

Los romanos solían hacer tres comidas al día, de las cuales solo la última era la más abundante. El ientaculum o desayuno consistía en pan, queso, aceitunas y en algunos hogares, leche, miel, frutos secos y fruta fresca.

El prandium, comida al mediodía, se aprovechaban las sobras del día anterior o se tomaba algún alimento muy ligero. La cena era la comida más copiosa del día, alrededor de la hora octava o novena (según fuera verano o invierno). La familia se reunía para disfrutar de unos alimentos que en los primeros tiempos consistían en cereales, queso, frutas y verduras. La cena constaba de unos entrantes (gustum), un plato principal (prima mensa) y un postre (secunda mensa). En la época más antigua, los romanos comían en el atrio, junto al hogar. Más tarde, los que residían en una domus o villa, tomaban su cena en el triclinium, reclinados en lechos, alrededor de una mesa, pero los campesinos y la gente humilde comían en pequeñas estancias junto a la cocina sentados en bancos o taburetes.

Gracias a la gran extensión que alcanzó el Imperio Romano, la variedad de alimentos consumidos en la época fue muy amplia.

Entre la población urbana y campesina más modesta los alimentos básicos eran las papillas de cereales, el pan, las legumbres y las verduras. En el resto no faltaban las ensaladas y platos que incluían plantas y flores, como las malvas.

Los frutos mediterráneos como las uvas y los higos abundaban en la dieta de los romanos, y las frutas exóticas eran muy apreciadas, pero solo estaban al alcance de unos pocos por su alto precio. Los frutos secos y las aceitunas eran muy nutritivos y más baratos.

Pintura con frutas, Museo Arqueológico de Nápoles, Italia
Pintura con frutas, Museo Arqueológico de Nápoles, Italia

Cesto con frutas, Museo Nacional Romano
Cesto con frutas, Museo Nacional Romano

El consumo de carne aumentó en la época imperial, aunque por su precio no se consumía por los pobres. Los platos se hacían con carne de cerdo, oveja y vaca. El cordero lechal, el cabrito y el lechón, junto a las vísceras no faltaban en las mesas más refinadas, así como el jabalí, venado y liebre. Las aves de corral y los huevos abundaban en las cenas romanas. Manjares exquisitos se consideraban ciertos alimentos que ahora nos son ajenos: lenguas de flamenco, ubres de cerda, crestas de gallo y aves exóticas, como el pavo real. Los lirones asados con miel en el horno se consideraban una exquisitez. Estos pequeños roedores se criaban en recipientes de barro y se alimentaban con frutos secos.
Mosaico con bodegón, Museo Nacional Romano
Mosaico con bodegón, Museo Nacional Romano

El pescado era elemento principal en los banquetes romanos. El atún, la caballa, el lenguado y, sobre todo, el salmonete, se degustaban con fruición, así como los mariscos y moluscos. Cerca de la costa se solía consumir fresco, pero si no era posible, se tomaba en salazón. Los ríos proporcionaban pesca a las propiedades del interior.  En las casas de los ricos se podía disfrutar de estanques (piscinae) donde se criaban los pescados favoritos de los dueños, como la morena, de la que se habla abundantemente en la literatura latina.

Pintura de la Casa de los Castos Amantes, Pompeya
Pintura de la Casa de los Castos Amantes, Pompeya

Las hierbas aromáticas y las especias se utilizaban en la gastronomía romana, tanto la de procedencia local, como la de importación. Así se utilizaban el tomillo, hinojo, pimienta y canela, además de la sal que también era un conservante para la carne y pescado.

Los postres se hacían con frutas, frutos secos, leche  harina, y se endulzaban con miel.

Detalle de mosaico, Villa de Carranque
Detalle de mosaico, Villa de Carranque

Entre las bebidas se prefería el vino, siempre mezclado con agua. Se bebía frío o caliente y se añadía miel, hierbas o especias. El hidromiel, mezcla fermentada de agua y miel y los vinos de frutas se apreciaban por sus propiedades medicinales. La cerveza, consumida por los pobres, sobre todo en la Galia e Hispania, se bebía caliente.