Divinitas

Culto a los Dioses

 
Pintura del lararium, Museo Nacional Romano
Pintura del lararium, Museo Arqueológico de Nápoles

Los lares familiares eran espíritus que cuidaban de la salud y prosperidad de la familia y su entorno doméstico. Se les representaba como adolescentes con el cuerno de la abundancia y vestidos con una túnica corta. Se les hacía ofrendas y se les guardaba en un altar, lararium, y, a veces, estaban acompañados de la diosa Fortuna, de Mercurio y del  Genio, espíritu tutelar del pater familias. El culto privado entre los romanos, vinculado a las fiestas de carácter agrícola y familiar, era competencia del ámbito doméstico, donde el pater familias actuaba como sacerdote.

Lares de bronce, Museo Arqueológico de Nápoles
Lares de bronce, Museo Arqueológico de Nápoles

Los lares familiares eran espíritus que cuidaban de la salud y prosperidad de la familia y su entorno doméstico, incluidos los esclavos. Se les representaba como adolescentes con el cuerno de la abundancia en una mano, con una pátera en la otra y vestidos con una túnica corta. Las figurillas se hacían de madera, hueso, bronce u otros materiales. Se les hacía ofrendas y se les saludaba al salir y volver de un viaje. El romano dirigía al lar su plegaria de la mañana y en las comidas le reservaba una parte de cada plato. Se les guardaba en un  lararium o larario,  pequeña construcción en forma de nicho, con un techo y un frontón soportado por columnas, adosada a los muros de la casa. También se los representaba pintados en la pared. La ubicación del lararium solía ser el peristilo o el atrio para que pudieran ser vistos con más facilidad.
Larario
Larario

El lararium albergaba los lares, los penates, protectores de la despensa; el genio, espíritu tutelar del pater familias, representado como una serpiente o un hombre cubriendo su cabeza con la toga; los manes, espíritus de los antepasados familiares; además de otros dioses, como Fortuna o Mercurio, que las familias veneraban como protectores. Ante el larario se celebraban distintos ritos conmemorativos de acontecimientos familiares, como los matrimonios y los nacimientos.

Genio tutelar del Pater Familias
Genio tutelar del Pater Familias

Las ofrendas del larario eran variadas, pero principalmente consistían en flores y guirnaldas para decorarlo, vino para tomar en honor del genio, incienso, además de miel, perfumes, frutas, coronas de flores o pastelillos.

Los Penates eran los espíritus protectores de la despensa y vigilaban el fuego del hogar. Los Manes eran los espíritus de los muertos, objeto de veneración y de terror porque salían para atormentar a los vivos. Por ello se hacían ritos nocturnos de purificación para alejarlos. En las lápidas sepulcrales se encuentran las inscripciones DIS MANIBUS (D.M.), como fórmula de consagración del difunto a los Manes divinos.

Los dioses oficiales romanos incluían la triada capitolina: Júpiter, Juno y Minerva. Con frecuencia los dioses locales se asimilaron a los dioses romanos, y en los lugares más romanizados los dioses indígenas acabaron por desaparecer.

El auge del culto imperial no condujo al abandono de los otros dioses romanos, cuyo culto era atendido por los pontífices de las colonias y municipios.

Pintura de Marte, Casa de Venus en la Concha, Pompeya
Pintura de Marte, Casa de Venus en la Concha, Pompeya

La sociedad romana era profundamente religiosa y sus miembros anhelaban conocer la voluntad de los dioses para orientar su vida conforme a sus mandatos o deseos. Los sacerdotes o augures se encargaban de interpretar las señales divinas que influían en los actos públicos y privados.

Divinidades y cultos procedentes  de Asia Menor, Siria, Persia y Egipto se introdujeron en el mundo romano, a través de Grecia y llegaron finalmente a Hispania. Estas creencias, caracterizadas todas ellas por la salvación personal y un dios que nace, muere y resucita, tuvieron un fuerte arraigo durante los siglos I y II. Representativas fueron los misterios de Mitra, Cibeles, Isis y Serapis.

Frente al politeísmo de los dioses greco-romanos y el difuso monoteísmo de los misterios orientales el Cristianismo practicaba un culto espiritual que garantizaba la vida después de la muerte y exaltaba la caridad y el amor al prójimo. Sus devotos sufrieron persecuciones porque al negar la divinidad del emperador ponían en peligro el orden cívico.
Pintura del Buen Pastor, Catacumba de San Calixto, Roma
Pintura del Buen Pastor, Catacumba de San Calixto, Roma

Con el Edicto de Constantino, el Cristianismo dejó de ser perseguido y Teodosio lo proclamó religión de estado y abolió los sacrificios paganos.  Al no poder abolir las fiestas populares paganas, el Estado optó por combinarlas con festividades cristianas. Las Saturnales, que se celebraban en Diciembre durante varios días, eran ocasión para celebraciones  familiares, intercambio de regalos, y momentos para que los esclavos fueran agasajados por sus amos y se hizo coincidir con la Navidad.

Las comunidades cristianas se organizaban como las de otros dioses orientales, siguiendo el marco legal de las asociaciones de culto privado. La cristianización se produjo inicialmente en el medio urbano y más romanizado, pero en el entorno rural no comenzaría hasta bien entrado el siglo IV.