Nuptiae

Ceremonia nupcial

Fresco Aldobrandini con escena nupcial, Museos Vaticanos
Fresco Aldobrandini con escena nupcial, Museos Vaticanos

El estado romano condenaba el celibato y procuraba que el matrimonio fuera indisoluble con una finalidad, la procreación.

Para que el matrimonio fuera válido los contrayentes debían ser púberes y capacitados para procrear; tenían que dar su conformidad y el pater familias debía estar de acuerdo, además los novios debían estar en posesión del connubium, tener derecho a contraer nupcias por ser ciudadanos romanos.

Los esponsales constituían un compromiso en el que se establecía la promesa de matrimonio con la aprobación de los familiares más próximos y capacitados para representar a los contrayentes. La alianza se sellaba mediante las arras, un depósito en metálico, aunque poco a poco se fue imponiendo la costumbre del anillo del compromiso.

Pintura con novia del Triclinium de la Villa de los Misterios, Pompeya
Pintura con novia del Triclinium de la Villa de los Misterios, Pompeya

La mañana de la boda la novia se vestía con la tunica recta, atada a la cintura con una banda de lana mediante el nudo de Hércules. Encima llevaba un velo de color amarillo (flammeum). El pelo se dividía en seis mechones y se adornaba con cintas y una corona de flores o plantas sagradas.

El novio era acompañado por sus familiares a la casa de la novia que se adornaba con flores.

La diosa Juno presidía la ceremonia, por ser la protectora del matrimonio.

Sarcófago con boda presidida por la diosa Juno, Museos Capitolinos, Roma
Sarcófago con boda presidida por la diosa Juno, Museos Capitolinos, Roma

Si los augurios eran favorables, empezaba la ceremonia con el consentimiento ante los testigos y la firma del contrato matrimonial. Los novios, acompañados por la pronuba, matrona casada una sola vez, juntaban sus manos y la novia pronunciaba la frase: “Ubi tu Gaius, ego Gaia”, con la que ingresaba en la familia (gens) del novio. Luego los novios se sentaban encima de la piel del animal degollado para el sacrificio.

Concluida la ceremonia venía el banquete nupcial, normalmente en casa del padre de la novia. Al terminar, la novia acompañaba a su marido a su nueva casa, para lo que éste tenía que simular que la arrancaba de los brazos de su madre, mientras se cantaba el canto nupcial (hymenaeus. Una procesión con flautistas, seguía a los porteadores de la antorcha nupcial de espino blanco y el huso  y telar de la nueva esposa.

Cuando llegaban al nuevo hogar, la novia adornaba los dinteles de la puerta con lana y la untaba con aceite, como símbolo doméstico y de prosperidad. Al entrar era tomada en brazos para evitar que cayera y fuera signo de mal augurio. La novia prendía el fuego del hogar con la antorcha nupcial.

Tálamo nupcial, Villa Farnesina, Museo Nacional Romano
Tálamo nupcial, Villa Farnesina, Museo Nacional Romano

Al día siguiente se celebraba un banquete  en el que la nueva esposa hacía su primera ofrenda a los lares como matrona vistiendo la stola.

Con el Cristianismo se conservaron muchos ritos pero la bendición la daba en la iglesia un sacerdote, aunque el banquete se hacía en casa. Se hacía gran gasto en músicos, bailarines y comida, además de en flores y ungüentos.